LA NADA Y LA SUSTANCIA.

El hombre sencillo.

Estamos rodeados de la nada y reconocerlo es un acto de honestidad intelectual hacia uno mismo. La gente es tan superficial que se conforma con lo que cree que eres, aunque a veces sean dos personas diferentes.

Para conocer a alguien, hay que conocer su pasado, sabrás quién está delante de ti y qué te esperará en el futuro.

Puede ser la persona más cercana, más querida o más amada, pero también él o ella puede formar parte de esa sociedad demencial que quiere que todos seamos iguales. Eso genera, como decía Friedrich Nietzsche, hombres simples y pequeños, hijos de la igualdad, que prefieren la conservación en lugar de la originalidad.

Hay hombres y mujeres que llevan dentro de sí mismos los miedos de sus ilusiones irrealizadas y, a prescindir  de su estatus social, económico y cultural, no tienen la capacidad de ver y de sentir más allá de sus propias conclusiones, casi siempre muy limitadas. Su forma de presentarse, ahogados  por el miedo que tienen a vivir, debido a una baja autoestima, les impide crecer y aceptar una realidad distinta a la que se crean, y una verdad distinta a la que creen. Viven para sí mismos, escondidos dentro de una miserable cáscara de superficialidad.

Un hombre nunca es lo que dice que es, algunas veces es lo que hace, pero casi siempre es lo que piensa. Al cual, obedece por un infantil criterio racional, con el que clasifica las cosas y las personas. No se puede conocer aquel  pensamiento que mantiene secretamente  oculto, pero si se observan sus frecuentes contradicciones, se puede entenderlo fácilmente. Su forma de ser es expulsar de sus pensamientos todos los aspectos de la realidad que le perturbe.

Esto es «esto» y no puede ser otra cosa, porque «otra cosa» no existe para él. Una forma de pensar infantil, inmóvil e impotente ante lo que no puede racionalizar. Alejarse de ese pensamiento significaría para él rechazar lo que ha llegado a ser y la vida que ha vivido hasta ese momento.

Por eso, intentando confundir, aparenta equilibrio, calma, un falso control de sí mismo. Una actitud austera, para poder ocultar lo mejor posible sus inseguridades y limitaciones, ante una verdad difícil de escuchar cuando se ha evitado durante tanto tiempo.

Difícilmente da lugar a una reflexión profunda, asume una responsabilidad, lleva a cabo un proyecto personal o expresa una opinión contra la sociedad que le rodea. Para no asumir las consecuencias de sus elecciones, prefiere aceptar los acontecimientos de la forma más superficial posible. Sigue la forma, pero se olvida del fondo. Sigue la apariencia, pero se olvida del contenido. Juzga los efectos sin entender las causas. Habita el mundo tratando de no involucrarse. Vive una vida incoherente consigo mismo, por el poco conocimiento que tiene de sí mismo. Y tras la máscara que lleva cada día, oculta su pasado, intentando olvidarlo lo antes posible, con la ilusión infantil de volver a nacer como un hombre nuevo.

Pero la nada solamente da a luz a la nada, y los pensamientos sin sustancia se repliegan sobre sí mismos, y las moscas no se convierten en águilas solamente con el paso del tiempo.

Y mientras el hombre sencillo, que pierde su ilusión hacia alguien, encuentra en la sociedad que le rodea lo que necesita, y esperando algo de los acontecimientos vuelve rápidamente a ser el mismo hombre de antes y a vivir tranquilo y sin preocupaciones.

El hombre de sustancia, que se encuentra exactamente en la misma situación, no acepta que los acontecimientos deban suceder de una determinada manera, y dotado de un pensamiento más profundo y de una sensibilidad más sutil y elevada, sufre terriblemente porque la sociedad que le rodea no hace más que aumentar su decepción.

En el hombre sencillo, el pensamiento oscila entre la realidad y la ilusión, entre el sueño y la esperanza, entre la verdad, que no quiere reconocer ante sí mismo, y la mentira, que quiere creer por su incapacidad de vivir una vida diferente a la que le han enseñado. Mide lo que encuentra con los criterios estables y esquemáticos de la razón sin dejar espacio a percibir los mensajes sutiles de la vida. No puede verlos.

No ha entendido que un hombre no es libre cuando es dueño de sus propios pensamientos, sino que es libre cuando no es esclavo de lo que piensa. Es libre cuando su pensamiento es capaz de reconocer la verdad y superar los límites que lleva dentro. Es libre cuando ese pensamiento no le influye ni le condiciona, y encuentra el valor para vivir según sus propias reglas.

Pero…sí para no romper una falsa armonía que se ha creado, no capta la verdad evidente que pasa ante sus ojos, puede ocurrir que su pensamiento le lleve a reconocer que la verdad que le transmite es más verdadera que esa verdad evidente, obligándole a recibir falsas sensaciones que le llevarán a confundirse.

Si no aprende a dudar de sus pensamientos, que podrían ser fruto de su propia creación, seguirá viviendo inmerso en su infantilismo.

La incapacidad de actuar y expresar lo que siente y piensa es el evidente colapso de un lenguaje comunicativo y creativo. Por eso su instinto de supervivencia le empuja a adaptarse a las circunstancias y a las personas que más le convienen, aunque no sean las adecuadas.

Pero adaptarse es parte de su carácter. La multitud es su refugio. Y es más fácil vivir de acuerdo con lo que quiere la multitud.

Un fenómeno estadístico, dotado de un mínimo de lógica y racionalidad, lejos de poseer la chispa que preserva la individualidad. Vive dentro de un sistema social para mantener y preservar un modo de vida que ha encontrado. Para poder reconocer, aceptar y aparearse con otros como él. Y las características comunes, banales, simples y repetitivas, se convierten en el aspecto dominante de su vida. Lo importante es no profundizar en el diálogo, de lo contrario huye, convencido de que quien abandona el pasado recibe más del presente. Nunca podrá conocer la verdad, porque no está dispuesto a escuchar lo que no quiere oír. Pasa su tiempo en la búsqueda fútil y patética de la certeza, sin comprender que cuanto más predecible y estancada se vuelve la vida, más pierde el hombre su personalidad.

Y mientras la certeza es una ilusión que puede acabar en cualquier momento, la incertidumbre es algo para lo que debemos prepararnos mentalmente, porque siempre nos sorprenderá.

La inteligencia se mide por la cantidad de incertidumbre que un hombre es capaz de superar, porque la certeza por sí sola anula la capacidad de transformación y crecimiento.

Intenta perfeccionar su forma de vida habitual, buscando en la rutina la diferencia, en lo ordinario lo extraordinario, en lo común lo original, y en la nada la sustancia, por una forma banal y falsa de coherencia, contraria al vivir intensamente. Y todo lo que no es certeza le produce inquietud, ansiedad, en algunos casos angustia, y un sentimiento de inferioridad ante los demás.

Pero el hombre sencillo, no puede entender que nada grande ha sido hecho en el mundo sin un toque de locura, que no es lo contrario de la razón, sino parte de la razón misma. En esto radica el encanto de la locura. Y mientras la razón traduce la evidencia, la locura debe ser traducida, sentida, percibida.

Aceptarse significaría para el tener el valor de entrar en contacto con uno mismo, sin miedos y sin complejos. Tener respeto por la propia persona. Vivir de la propia luz y no de un simple reflejo. Por eso no puedes reconocerlo.

Es bien sabido que los hombres que se toman todo demasiado en serio son los menos inteligentes para entenderse, conocerse y ver los mensajes invisibles que les comunica la vida. La naturaleza no le ha proporcionado las armas para hacerlo, y el hombre sencillo únicamente puede ver lo que está preparado para ver.

Cuando un hombre carece de ese sexto sentido, de esa astucia, que la vida de la calle enseña a todos. Cuando le falta esa curiosidad interior por aprender lo diferente y lo nuevo, se parece un poco al niño que quiere probar todos los sabores del helado sin perder nunca el sabor del chocolate. Si todo en el mundo pudiera racionalizarse, nunca ocurriría nada nuevo.

No sabe renunciar, no sabe elegir, no sabe pensar diferente, se mueve con ligereza y superficialidad.

La vida está hecha de elecciones. El modo en que un hombre afronta los obstáculos y los problemas presentes es el resultado de sus elecciones pasadas. Las elecciones triviales conducen a una vida trivial, las grandes elecciones hacen la vida grande.

Ni siquiera el hombre sencillo puede escapar a este análisis.

La vida no pasa por los años sino por los momentos que se suceden rápidamente. No es un camino que se recorre dentro un caparazón donde te sientes seguro y mimado. Es un camino rodeado de imprevistos y dificultades que hay que superar para avanzar si se quiere llegar a ser un hombre. Dejas tus huellas, resbalas, te paras, te caes, pero te vuelves a levantar, a veces te ríes, a veces lloras, pero sigues en ese camino porque es lo que tienes que hacer.

Y si no eres capaz de reírte incluso de las cosas que consideras más serias, y de encontrar momentos de alegría incluso en las circunstancias más desfavorables, pero sobre todo de reírte de ti mismo, la vida se te escapará de la forma más común. Por eso hay que aceptar la confusión y la incertidumbre, el miedo, los errores, los altibajos emocionales, las dificultades y las controversias, y tener el valor de enfrentarse a todo ello sin esconderse.  Porque ese es el precio que hay que pagar por una vida brillante, emocionante, estimulante, libre o loca. Y sin locura, no hay vida que genere inteligencia creativa.

Solo si puede superar su rígido punto de vista y cuestionarlo, podrá conocer la verdad. Ver y comprender las diferencias entre las personas.

Solo si puede deshacerse de todos los apoyos, conservando la capacidad de ganar o perder según como se presente la vida, solo entonces, será un hombre libre y no un esclavo del sistema o un producto de la sociedad demencial.

Y el alma pregunta

IN ITALIANO.

Il nulla e la sostanza

L’uomo semplice.

Siamo circondati dal nulla e riconoscerlo è un atto di onestà intellettuale verso se stessi. La gente è così superficiale che si accontenta di quello che crede tu sia, anche se a volte si tratta di due persone differenti.

Per conoscere qualcuno, devi conoscere il suo passato, saprai chi hai davanti, e cosa ti aspetterà nel futuro.

Può essere la persona a te più vicina, più cara, o più amata, però anche lui o lei, può far parte di quella società demenziale che ci vuole tutti uguali. Che genera, come diceva Friedrich Nietzsche, uomini semplici e piccoli, figli dell’uguaglianza, che invece della originalità preferiscono la conservazione.

Ci sono degli uomini e delle donne che portano dentro di se, le paure delle loro illusioni irrealizzate e a prescindere dal loro stato sociale, economico, e culturale, non hanno la capacità di vedere e di sentire oltre i propri confini, quasi sempre molto limitati. Il loro modo di proporsi, sommerso dalla paura che hanno di vivere dovuto a una bassa stima di se stessi, gli impedisce di crescere, e di accettare una realtà diversa da quella che si creano, e una verità diversa da quella alla quale credono. Vivono per se stessi, nascosti dentro un misero guscio di superficialità.

Un uomo non è mai quello che dice di essere, poche volte è quello che fa, ma quasi sempre è quello che pensa. Al quale obbedisce per un suo criterio razionale con il che classifica cose e persone.Non si può conoscere quel pensiero che tiene segretamente nascosto, però a osservare le sue frequenti contraddizioni, si può facilmente capirlo. Il suo modo di essere è quello di espellere dai suoi pensieri ogni aspetto della realtà che lo disturba.

Questo è “questo” e non può essere altro, perché “altro” per lui non esiste. Un modo di pensare infantile, immobile, indifeso, davanti a ciò che non riesce a razionalizzare.

Allontanarsi da quel pensiero, significherebbe per lui rifiutare quello che è arrivato a essere e la vita che ha vissuto fino a quel momento. Per questo, per cercare di confondere, apparenta un equilibrio, una calma, un falso controllo di se stesso.

Un atteggiamento austero, per poter nascondere al meglio le sue insicurezze e limitazioni, davanti a una verità difficile da ascoltare quando per lungo tempo si è evitata.

Difficilmente partorisce una riflessione profonda, assume una responsabilità, porta avanti un progetto personale o espressa una opinione contro la società che lo circonda.

Per non assumersi le conseguenze delle sue scelte, preferisce accettare gli eventi nel modo più superficiale possibile. Segue la forma, ma si dimentica della sostanza. Segue l’apparenza, ma si dimentica del contenuto. Giudica gli effetti senza capirne le cause. Abita il mondo cercando di non essere coinvolto. Vive una vita incoerente con se stesso, per la poca conoscenza che ha di se stesso. E dietro la ,maschera che indossa giornalmente, nasconde il suo passato, cercando di dimenticare il più rapidamente possibile, con l’infantile illusione di tornare a nascere come un uomo nuovo.

Ma il nulla partorisce solo il nulla, e i pensieri privi di sostanza, girano su se stessi, e le mosche non si trasformano in aquile solo con il passare del tempo.

E mentre l’uomo semplice, che perde la illusione verso qualcuno, incontra nella società che lo circonda ciò di cui ha bisogno, e aspettando un qualcosa dagli eventi torna rapidamente a essere lo stesso uomo di prima e a vivere tranquillo e senza preoccupazioni.

L’uomo che ha una sostanza, trovandosi nella stessa identica situazione, non accetta che i fatti devono in un certo modo accadere, e dotato di un pensiero più profondo e di una sensibilità più sottile ed elevata, ne soffre terribilmente perché la società che lo circonda aumenta solo la sua delusione.

Nell’uomo semplice, il pensiero oscilla tra la realtà e la illusione, tra il sognare e la speranza, tra la verità, che non vuole riconoscere a se stesso, e la bugia, alla quale vuole credere per la incapacità di vivere una vita differente da quella che gli hanno insegnato. Misura ciò che incontra con i criteri stabili e schematici della ragione senza lasciare spazio al percepire i sottili messaggi della vita.

Non può vederli.

Non ha capito, che un uomo non è libero quando è padrone dei propri pensieri, ma è libero quando non è schiavo di ciò che pensa. É libero, quando il suo pensiero è capace di riconoscere la verità e superare i limiti che si porta dentro. È libero, quando quel pensiero non lo influisce ne lo condiziona, e trova il coraggio di vivere secondo le proprie regole.

Se però… Per non rompere una falsa armonia che si è creato non si afferra alla evidente verità che passa davanti ai suoi occhi, può accadere, che il suo pensiero lo porti a riconoscere, che più vera di quella verità, è quella che il suo pensiero gli trasmette, obbligandolo a ricevere false sensazioni che lo porteranno a confondersi.

Se non apprende a dubitare dei suoi pensieri, che potrebbero essere il frutto della propria creazione, seguirà vivendo immerso nel suo infantilismo.

L’incapacità di agire e di esprimere quello che sente e pensa, è l’evidente collasso di un linguaggio comunicativo e creativo. Per questo il suo istinto di sopravvivenza, lo spinge ad adeguarsi alle circostanze e alle persone che più gli convengono, anche se non sono quelle giuste.

Ma adeguarsi fa parte del suo carattere. La folla è il suo rifugio. Ed è più facile vivere secondo quello che vuole la folla. Un fenomeno statistico, dotato di una minima logica e razionalità, lontano dal possedere la scintilla che conserva la individualità. Vive dentro un sistema sociale per mantenere e conservare un modo di vita che ha trovato. Per potersi riconoscere, accettare e accoppiarsi con altri come lui. E le caratteristiche comuni, banali, semplici e ripetitive, diventano l’aspetto dominante della sua vita.

L importante, è non approfondire il dialogo, altrimenti scappa via, convinto, che chi abbandona il passato riceve di più dal presente. Non potrà mai incontrare la verità, perché non è disposto ad ascoltare quello che non gli conviene sentire. Impiega il suo tempo nella inutile e patetica ricerca della certezza, senza capire, che più la vita diventa prevedibile e stagna, e più l’uomo perde la sua personalità.

E mentre la certezza è un’illusione che può finire in qualsiasi momento, l incertezza, è un qualcosa al quale ci si deve mentalmente preparare, perché sempre ci sorprenderà.

La intelligenza, si misura dalla quantità d’incertezze che un uomo è capace di superare, perché la sola certezza annulla la capacità di trasformazione e di crescita. Cerca di perfezionare il suo modo di vivere abitudinario, cercando nella routine la differenza, nell’ordinario lo straordinario, nel banale l’originale, e nel nulla la sostanza, per una banale e falsa forma di coerenza, che è contraria al vivere intensamente. E tutto ciò che non è certezza, gli provoca inquietudine, ansia, in certi casi angoscia, e un senso d’inferiorità davanti agli altri.

Ma l’uomo semplice non può capire che nulla di grande e stato fatto senza un pizzico di follia, che non è il contrario della ragione, ma bensì parte della ragione stessa. In questo risiede il fascino della follia. E mentre la ragione traduce la evidenzia, la follia deve essere tradotta, sentita, percepita. Accertarsi, significherebbe avere il coraggio di entrare in contatto con se stesso, senza timori e senza complessi. Avere rispetto per la propria persona. Vivere di luce propria e no riflessa. Per questo non può riconoscerlo.

É risaputo che gli uomini che prendono tutto troppo seriamente, sono gli uomini meno intelligenti per capirsi, per conoscersi e per vedere i messaggi invisibili che la vita gli comunica.

La natura non gli ha fornito le armi per farlo, e l uomo semplice può vedere solo ciò al quale è preparato a vedere.

Quando un uomo non ha quel sesto senso, quella malizia, che la vita della strada insegna tutti. Quando è privo di quella cispa interiore nell’apprendere ciò che è diverso e nuovo, assomiglia un po’ al bambino che vuole provare tutto i gusti del gelato senza mai perdere il sapore del cioccolato. Se nel mondo ogni cosa si potesse razionalizzare non accadrebbe mai nulla di nuovo.

Non sa rinunciare, non sa scegliere, non sa pensare in un modo diverso, si muove con leggerezza e superficialità.

La vita è fatta di scelte. Il modo come un uomo affronta gli ostacoli e i problemi, è il risultato delle sue scelte.Scelte banali portano a una vita banale, scelte grandi rendono grande la vita. Neanche l uomo semplice può scappare a questa analisi.

La vita non passa attraverso gli anni ma attraverso gli istanti che si susseguono veloci uno dietro l altro. Non è una strada da percorrere dentro un guscio dove ti senti sicuro è coccolato. È un sentiero circondato dagli imprevisti e dalle difficoltà che si devono superare per andare avanti se si vuole diventare uomini. Lasci le tue impronte, sbandi, ti fermi, cadi ma ti rialzi, a volte ridi, altre piangi, ma continui quel sentiero perché è quello che devi fare.

È se non riesci a prenderti gioco anche delle cose che ritieni più serie, e a trovare dei momenti di allegria anche nelle circostanze più sfavorevoli, ma soprattutto a prenderti in giro, la vita ti scivolerà via nel modo più comune.

Per questo si deve accettare la confusione e l’incertezza, la paura, gli sbagli, gli errori, gli alti e i bassi emozionali, le difficoltà, e le controversie, e avere il coraggio di affrontare tutto ciò senza nascondersi, perché questo il prezzo che si deve pagare per una vita brillante, eccitante, stimolante libera o pazza. E senza pazzia, non c’è vita che generi intelligenza creativa.

Solo se riuscirà a superare il suo punto di vista così il rigido e a metterlo in dubbio, potrà conoscere la verità. Vedere e capire le differenze tra le persone.

Solo se saprà sbarazzarsi di ogni cosa e di ogni sostegno, conservando la capacità di vincere o di perdere a seconda di come gira la vita, solo allora, sarà un uomo libero e non uno schiavo del sistema o un prodotto della società demenziale.

È l’anima domanda.

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UNA DULCE MADRILEÑA

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Parte del libro 13 “UNA DULCE MADRILEÑA” amor y erotismo.

El amor es quizás la más carnal de las ilusiones.

Digo ilusión si pensamos que amar, como muchos creen, sea poseer en el sentido material de la palabra.

Si el amor fuera poseer, ¿Cómo podemos poseer el cuerpo de otra persona? No podemos poseer el cuerpo de otra persona solo con la pasión y el deseo. No podemos hacer que la materia sea nuestra. E incluso si fuera así, sería solo un acto momentáneo porque precisamente el cuerpo cambia y se transforma a nuestros ojos en el momento en el que se vive.

Si solo se ama carnalmente, las sensaciones que sentimos inicialmente desaparecen rápidamente.

El cuerpo es, simplemente, una obra estética que se transforma y termina con el tiempo. La sola belleza nunca ha tenido la capacidad de penetrar en el ser del otro. Y no se puede atar el corazón a lo que es pasajero y cambia con el tiempo.

El recuerdo de los sentimientos experimentados al hacer el amor con una persona, permanece vivo en las mentes de los amantes solo si las dos almas se vuelven cómplices, si se encuentran, si penetran una en la otra.

Pero el alma rara vez se comunica con la materia, siempre se relaciona a un nivel superior, donde los gestos y las palabras no son suficientes.

Y amar intensamente es alma…No cuerpo.

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Parte del libro 12 “UNA DULCE MADRILEÑA” amor y erotismo.

Esta es la diferencia entre sexo y amor, el sexo vacía, el amor llena.

Creo que también sea justo vivir así… sin pensar demasiado, sin demasiadas complicaciones, dejándose llevar por el momento.

He llegado a la conclusión de que, visto que es la naturaleza de cada uno de nosotros la que determina el carácter y la actitud, la vida de todos los seres humano no podía ser diferente de lo que es.

Si se piensa que amar sea poseer, el amor es tal vez la ilusión más carnal. Pero si amar es poseer… ¿Cómo podríamos poseer el cuerpo de otro? No podemos hacer nuestra la materia. Porque el cuerpo es materia. Y aunque así fuera, sería solo un acto fugaz. Porque justo el cuerpo, cambia y se transforma ante nuestros ojos en el instante en el que lo vivimos, y nos queda solo la sensación vivida, que trascurrido un tiempo desaparece, y desapareciendo esa sensación, desaparece también el deseo y la pasión de amar ese cuerpo.

¿Entonces? El amor no es materia, es alma, y amar sin alma es sexo.

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Parte del libro 11 “UNA DULCE MADRILEÑA” amor y erotismo.

Nada hiere ni envenena tanto como la decepción. Porque la decepción es un dolor que proviene siempre de una esperanza que se ha desvanecido, una derrota que nace de una confianza traicionada. Del engaño de alguien a quien creíamos.

    Siempre he pensado y sigo pensando que en la vida no se puede tener todo, y tampoco se puede hacer todo, así como no se puede estar en dos lugares a la vez. La vida nos obliga a elegir.

La fuerza radica en la elección y en el poder de las propias decisiones que se encuentran entre la voluntad y el deseo.

     Elegir a alguien significa descubrir una vida diferente a la que hemos conocido y también significa, invitar a esa persona a descubrir la nuestra. Elegir, significa decir no a algunas personas que, a veces, invaden nuestro territorio. Significa posicionarse del lado de la persona que hemos elegido para permitir que entre los dos nazca una barrera de protección. Significa ser coherentes, honestos, leales y sinceros con quién hemos elegido.

No mentir ni siquiera en las pequeñas cosas porque son precisamente éstas las que impiden el crecimiento del amor.

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SAMUELEBENIABRAM

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Parte del libro 10 “UNA DULCE MADRILEÑA” amor y erotismo.

                          DOS CHICOS

Delante de nosotros, a pocos metros de distancia, escondidos detrás de un arbusto, dos chicos disfrutaban de la escena masturbándose. Me di cuenta por casualidad, porque vi algunas ramas de ese arbusto moverse.

—Martina, no levantes la cabeza ahora mismo, haz como si nada, pero hay dos chicos que, escondidos detrás del arbusto que se encuentra a nuestra derecha, nos están mirando.

— ¿Qué? —Me respondió interrumpiéndose— ¿Hay dos chicos que nos miran? ¿Dónde? ¡No veo a nadie!

—No te pares… no te pares, sigue moviéndote como si no pasara nada. Detrás de nosotros, en el arbusto a mi derecha, hay dos chicos que nos miran. Creo que están desnudos y que se están masturbando.

Cuando Martina se dio cuenta, vi cómo cambiaba la expresión de su rostro.

—Madre mía, ¡Qué vergüenza! Me quiero morir.

—Venga Martina, no digas tonterías, es divertido. Sigue moviéndote como si no estuvieran y veamos qué pasa. ¿No te gusta la idea?

—La idea de que alguien te mire mientras hacemos el amor es muy excitante, pero me bloquea. Me da un poco de miedo.

—Sigue moviéndote—insistí yo—hazles ver cómo lo haces. Verás que es divertido.

  Normalmente, si había alguien que nos pudiera ver, Martina no solo no quería que la tocara, sino que quería irse. Ya había pasado otras veces. Y yo, para respetar sus tiempos aún demasiado prematuros, siempre había aceptado. Sabía que, si quería llegar a ella, si quería someterla y hacerla mi esclava, 70 debía tener un poco de paciencia y darle el tiempo y la confianza que necesitaba. Pero finalmente, Martina me susurró que aquella situación le excitaba muchísimo y que también ella tenía curiosidad por ver lo que sucedía. Era la primera vez que Martina y yo hacíamos el amor al aire libre de una forma tan explícita delante de alguien que nos miraba. Al oír aquellas palabras, me invadió una ola de perversión y mi excitación aumentó. Ella se dio cuenta, y con una mano tocó al final de mi miembro sintiendo su dureza. Lo apretó fuerte para que se hinchara aún más dentro de ella, y empezó a restregarse frenéticamente contra mí, subiendo y bajando su cuerpo. Con el corazón que me latía a mil por la excitación, por ella y por aquellos dos chicos que escondidos detrás del arbusto se tocaban, le abrí las nalgas del culo para que pudieran verlo mejor. Visto que se habían dado cuenta de que, a pesar de su presencia continuábamos, uno de los dos chicos, el más joven, se armó de valor y salió del arbusto acercándose a nosotros. Sin dejar de mirarnos, con su miembro duro y recto que seguía tocándose, y con los ojos lánguidos y el rostro rojo de deseo, se sentó a nuestro lado. Tenía una polla enorme, exageradamente grande. Sintiéndose aceptado, se acercó aún más. Solo a un metro de distancia de Martina, que había aflojado el ritmo. Entendí, intercambiando una mirada con el chico, que deseaba el cuerpo de Martina. Quizás, de una cierta forma, se presentaba la ocasión perfecta para que yo pudiera empezar a educarla según mis deseos.

— ¡Martina! —le dije susurrándole en una oreja. ¡Mira cómo te observa! Se lee en sus ojos que le gusta cómo te mueves.

—Samuel, ¡Este chico me está poniendo nerviosa! —me dijo con un tono de voz exasperado.

— ¿Por qué? ¿No te gusta la situación? Yo la considero excitante. Este chico no tiene más de 25 años y es muy atractivo. Tiene un miembro realmente grande. Enorme. Mucho más grande que el mío.

—Samuel…—Me dijo acercándose aún más a mí—Tiene un miembro exagerado. ¡Claro que lo he visto! Es enorme y, además, parece muy duro. A decir la verdad, me excita mucho ver cómo se lo toca. Pero me violenta un poco porque invade nuestra intimidad.

—Martina… Creo que ha llegado el momento en el que deberías empezar a vivir algo más sexual, insólito, diferente.

— ¿Por ejemplo? –Me preguntó mirándome a los ojos— ¿A qué te refieres? ¿Qué quieres proponerme?

— ¿Por qué no dejamos que participe? Utilizamos a este personaje que ha aparecido de repente para darnos más placer. Por otra parte, estamos solo tú y yo en esta isla.

— ¿Quieres que participe? ¿Ahora? ¿Y para qué? Yo estoy dispuesta a hacer de todo contigo, pero no con un desconocido. Y, además, ¡Ni siquiera lo conocemos!

—Pero ¡Martina! Precisamente eso es lo bonito. No sabemos quién es. No volveremos a verlo nunca más. Venga Martina, déjate llevar… fíate de mí… fíate.

—Lo intentamos si quieres, pero con una condición.

Notaba que no estaba segura de sí misma y tampoco de la situación que estábamos viviendo.

— ¿Qué condición?

—Suceda lo que suceda con él, no pares nunca, ni siquiera un solo momento, de mirarme a los ojos. Quiero saber que estás aquí. Que estás. Que estás conmigo.

—Te lo prometo…Te lo prometo mi amor.

 Me giré hacia el chico y, con un gesto de la cabeza, lo invité a participar. Él, sin hablar, se acercó a nosotros tanto que nos podía tocar con la mano. Martina me miró, pero no dijo nada. El chico, que mirándolo de cerca no tenía realmente más de 25 años, empezó a masajearle la espalda. Se colocó de pie detrás de Martina, acariciándole la cabeza, los hombros. Sus manos descendían poco a poco por delante acariciándole incluso los pechos, pasando por arriba y juntándose hacia abajo en el vientre. Entendí que deseaba con pasión su cuerpo. De pie, delante de nosotros, se veía la potencia de su polla, era enorme. Martina seguía moviéndose sobre mí gimiendo de placer. Presa de una excitación física y mental que no era capaz de contener.

—Me parece que está exagerando—me dijo susurrándome en el oído. Me está tocando de una forma demasiado atrevida.

—No.… no te preocupes, déjate llevar, es una situación excitante. ¿No te gusta?

—Si… Siiiii, claro que me gusta. Me gusta mucho., pero tengo miedo de que la cosa se nos vaya de las manos.

—No te preocupes… No te preocupes Martina—le dije tranquilizándola— ¿Quieres o no quieres ser mi esclava?

—Si… Siiiii, claro que quiero Samuel. Pero esta situación me parece…

—Entonces tienes que seguir mis órdenes. Debes hacer lo que te digo, sin interrumpir este mágico momento.

  Martina, mirándome con los ojos brillantes de excitación, me respondió sin dudar.

—De acuerdo Samuel, tienes razón. Haz conmigo lo que quieras, soy tuya y solo tuya.

  Al oír estas palabras dichas con tanta sumisión, le hice un gesto al chico para que empezase a tocarla de la forma más íntimamente posible. Entonces, bajó la mano por delante y, con la punta de los dedos, empezó a tocarle el clítoris, ralentizando mis movimientos, pero sin impedirme de poseerla. Cogí entonces con las manos sus pechos, apretándolos y acercándolos entre ellos. Yo seguía tumbado en la arena, con el miembro dentro de Martina. Le cogí la mano izquierda y, desplazándola hacia el miembro del chico, la forcé un poco para que lo tocara y sintiera entre sus dedos ese miembro grande y duro. Martina opuso una leve resistencia y, en el primer intento, retiró la mano.

— ¡No! ¡No! No, Samuel, no quiero… no quiero.

— ¡Haz lo que te digo! Cógelo con la mano y empieza a tocarlo. ¡Es una orden! Eres mi esclava.

—No… no… no quiero.

— ¡Tócalo! ¡Tócalo! –Le decía ordenándolo—¡De lo contrario le digo que empiece a follarte! ¿Quieres que lo haga? ¿Quieres que él te folle?

—No… no…¡No!

— ¡Entonces haz lo que te digo!

Le cogí de nuevo la mano y la acompañé con un gesto hacia el miembro de aquel chico. Ella, temerosa, pero sometida a mi deseo, aceptó el juego y lo cogió en su mano sin poder cerrarla por el gran tamaño de su miembro. Empezó a tocarlo con el movimiento de la mano de arriba abajo, lo más rápidamente posible. Entendí que, también Martina, excitada por la situación, se sentía libre de expresar su sexualidad. Con ese comportamiento de mujer experimentada, amante del sexo, me daba a entender el grado de complicidad que estaba naciendo entre nosotros. La escena no duró mucho, el chico, con un ahogado gemido, alcanzó rápidamente el orgasmo y se fue corriendo. Poco después, también Martina y yo finalizamos nuestra relación sexual. Aquella experiencia cambió definitivamente nuestra vida sexual. Nuestras fantasías se habían enriquecido por una conexión mental que nos hacía sentirnos cada vez más cerca el uno del otro.

  De nuevo en la lancha neumática, en el camino de vuelta hacia el hotel, observaba a Martina pensando en las escenas que había vivido. Entendí que vivía dentro de ella una parte perversa y masoquista, sometida y rebelde, que iba en busca del placer más desenfrenado, más morboso, más prohibido, que se le presentara. Una continúa búsqueda de sensaciones nuevas.

—Dime Martina—le pregunté para romper el silencio— ¿Te gustó cuando ese chico vino cerca de ti y empezó a tocarte?

— ¡Sí! Me gustaba mucho. Ha sido muy excitante.

— ¿Qué ha sido muy excitante? quiero decir, ¿Qué es lo que te ha excitado?

—Quiero ser sincera contigo Samuel. Al principio no me gustaba para nada la idea de que otro hombre pudiera entrar entre nosotros mientras hacíamos el amor. Pero, cuando ese chico se ha acercado con ese miembro grande y duro hacia mi cara, y ha empezado a tocarme cada vez más descaradamente, he dejado de ser yo. He dejado de pensar. Y me he dejado llevar, transportada por las agradables sensaciones que ese cuerpo extraño me transmitía. Ese miembro que latía entre mis manos como un corazón, parecía tener vida propia.

—Y si te hubiera dicho que te lo follaras, ¿Lo habrías hecho? ¿Habrías dejado que él te follara?

—Creo que no, pero… para ser sincera, hasta hoy nunca había pensado que habría podido llegar a hacer lo que he hecho contigo. No pensaba que fuera capaz de tanto. Pero lo he hecho.

—No te entiendo… ¿Qué quieres decir?

   Lo había entendido perfectamente.

—Quiero decir que, quizás, vive dentro de mí una mujer que ni siquiera yo conozco. Lo opuesto de lo que soy. Capaz de hacer y aceptar cualquier cosa.

— ¿Y no estás contenta? Has descubierto una parte de ti que no conocías. Quizás, vive dentro de ti una mujer que necesita emociones para sentir placer. Por eso sales conmigo. Para que yo pueda hacer que entiendas lo que vive dentro de ti. De hecho, Martina, yo también soy así. El amor simple, rutinario, banal, me aburre y me cansa.

— ¿Y quién crees que sea yo Samuel?

— ¿Quién eres? ¿Qué vive dentro de ti? Son cosas muy diferentes, ni siquiera yo estoy seguro. Pero ¿Tú qué quieres de ti misma?

—No lo sé, ya no estoy segura de nada. A ver, yo creo saber quién soy, pero últimamente, estando contigo, me sorprendo cada vez más de mis acciones. No solo de lo que hago, sino también de lo que siento y pienso. Eres capaz de abrumarme y llevarme a un estado mental en el que ya no me siento dueña de mí misma. Solo tengo ganas de dejarme llevar por lo que estoy viviendo. Ya no estoy segura de nada, ni siquiera de conocerme.

—Para mí Martina, tu eres lo que muchas mujeres habrían querido ser, pero no han tenido nunca el valor de serlo. ¿Culpa de ellas? ¿Culpa de sus hombres que no quieren que conozcan su sexualidad? Es difícil de decir. La mayor parte de las mujeres reprime sus deseos sexuales para no romper una falsa e hipócrita, llamémosla, social armonía que se establece con el tiempo en una pareja… Por esto todos, y todas, traicionan y se separan. La rutina les mata.   — ¿Y a ti? ¿Qué tipo de mujer te gusta? ¿Cómo soy o cómo imaginas que podría ser? A parte de la atracción física, ¿Qué te gusta de mí?

—Me gustas porque eres una mujer preparada para satisfacer cualquier placer erótico que se le presenta. Una mujer dispuesta a vivir esas experiencias que permanecen dentro de cada uno de nosotros, no solo como un placer físico, fácil de olvidar, sino como algo que te transporta cada vez que lo piensa, en otra dimensión. A ver Martina, lo que me fascina de una mujer, lo que me atrapa, o que hace que me enamore, no es el hecho de que sea hermosa, fascinante, inteligente o rica. Lo que realmente me atrae es su capacidad de aceptar el placer de la vida cuando se presenta. Como tú.

  Me di cuenta de lo que le había dicho era difícil de aceptar por una chiquilla de 20 años como Martina, pero tenía que desenmascararme. No podía seguir jugando con ella. Quería que entendiera qué tipo de hombre tenía delante, para poder elegir de irse o aceptar mi código. Se levantó y se me acercó casi queriendo susurrarme algo en el oído. Cogió mi cara entre sus manos y, con un hilo de voz, me dijo.

—Deduzco que, además de ser un lobo conquistador, un depredador, como te gusta definirte, eres también un hombre dominante. Un hombre con una dureza que no había visto nunca, al que le gusta que los demás obedezcan y sigan sus órdenes sin discutir. Sobre todo, las mujeres. Creo que llegar a ser tu esclava, significa pasar unos límites que no se si estoy dispuesta a atravesar. Pero…después de las sensaciones que he sentido hoy contigo, incluso cuando mi cabeza me decía que no. Que me levantara y me fuera. La parte de mujer que tú estás descubriendo consigue aceptar tus órdenes más fácilmente. Aunque si yo…—y me lo dijo poniéndose seria—no soy una chica fácil de conquistar, y mucho menos de doblegar a tus deseos.

— ¡Eso ya lo veremos! —le respondí decidido.

Llegamos así, después de casi veinte minutos de navegación al Puerto de la Sabina para devolver la lancha neumática a la agencia y poder ir a relajarnos a la piscina del hotel.

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Parte del libro 9 “UNA DULCE MADRILEÑA” amor y erotismo.

                            FORMENTERA

Un cambio radical en nuestra relación tuvo lugar en el puente del 1 de mayo. Caía justo en medio de la semana. Por lo tanto, teníamos, incluyendo sábado y domingo, cinco días festivos para estar juntos. Dos días antes de que empezara el puente, aprovechando que la noche anterior Martina había dormido en mi casa, mientras le preparaba para desayunar su capuchino con trocitos de chocolate dentro y sus galletas de mantequilla de la marca Molino Bianco, le propuse sin rodeos:

—Prepara una bolsa con lo necesario porque nos vamos a la playa.

— ¿A la playa? ¿Y dónde? – me preguntó sorprendida.

— ¡Martina! Nada de preguntas. Prepara una bolsa, mete dentro algunos trapitos y vámonos.

— ¿Trapitos? Perdona, pero yo no tengo trapitos. Y, además, ¿Me dices dónde vamos?

— ¡Vamos! Es una sorpresa.

Me miró asombrada y pasó a la acción sin preguntarme nada más. Ya hacía una semana que había decidido pasar esos cinco días con ella en Formentera. Había reservado un vuelo previamente y, allí, una vez que llegáramos al puerto de Ibiza, un ferri nos llevaría a aquella maravillosa isla en unos veinte minutos de navegación. El Caribe de Europa. Playas blanquísimas y agua cristalina. Reservé un agradable hotel en un pequeño pueblo de pescadores, completamente renovado. Caló de San Agustí. Antiguamente era un pequeño puerto, donde los barcos de pequeñas dimensiones llegaban repletos de madera y carbón que, una vez descargados, vendían a la gente del lugar y que estos, a su vez, distribuían por la isla. Después de haber aparcado la moto alquilada nada más pisar la isla a uno de los muchos negocios que encontramos al desembarcar, le propuse que nos bañáramos inmediatamente en el mar. Aunque después, fue un poco vergonzoso entrar en el hotel, mojados, con la ropa enrollada, tirando de las maletas y con los pies llenos de arena. Parecíamos dos inmigrantes desembarcados hace poco. La chica del hotel, una simpática y regordeta morenita, rellenita al punto justo, sorprendida por nuestro estado, registró la entrada con una cierta indecisión. En ese instante Martina me sonrió preguntándome si yo había nacido chiflado o me había vuelto así con el paso del tiempo.

— ¿Ha sido quizás una mala idea? —le pregunté.

—No, para nada, es la mejor idea que has tenido desde que nos conocemos. Pensaba que estas escenas solo se vivían en las películas.

Nos dieron una habitación con vistas a la mar, dotada de una pequeña terracita donde se podía tomar tranquilamente el sol desnudo sin que nadie nos viera. Cuando entramos en la habitación, le quité el bañador mojado y empecé a besarla. Sentí su piel que transpiraba de excitación y entré dentro de ella al natural. Cuando Martina, después, vio llenarse el vientre de mi líquido caliente y espumoso, se le bloqueó la respiración. Probablemente no estaba acostumbrada a gestionar ese tipo de situaciones. De hecho, se sintió algo desconcertada al encontrarse tumbada en la cama con la vagina literalmente rebosante de todo mi placer.

En la isla nos desplazábamos con una moto de campo de cuatro ruedas, como las del Paris Dakar, con la que podíamos ir sobre la arena. Aprovechando que con esa moto, al igual que con un pequeño tanque, podíamos movernos libremente incluso sobre terrenos áridos e irregulares, un par de veces, después de haber cenado, de noche, fuimos a las grandes playas de La Savina, Ses Illetes, y de Levante, buscando un rincón aislado donde zambullirnos en el agua. Iluminados sola- 65 mente por la luz de la luna. Para que nuestra estancia fuera más agradable y poder visitar las calas más hermosas, e incluso las piscinas naturales como Punta Pedrera, alquilé, a una agencia de pequeñas embarcaciones, una lancha neumática Zodiac amarilla y gris de casi seis metros, con la que descubrir los lugares más inaccesibles de la isla.

Aquel famoso domingo, un día caluroso y bochornoso, dimos una vuelta con la lancha neumática bordeando la costa de la isla a una velocidad no demasiado elevada. Martina, apoyada en los codos, y relajada sobre los cojines delanteros que le hacían de tumbona, tomaba todos los rayos de sol disponibles llevando solo un mini bikini. Cuando nos encontrábamos a unas millas de la costa, le pregunté si aquella situación no la invitaba a hacer algo más divertido que tomar el sol. No se lo tuve que repetir dos veces, estiró una pierna y me apoyó un pie en la ingle, percibiendo inmediatamente mi excitación. Liberé mis genitales del bañador y ella empezó a deslizar arriba y abajo las plantas de los pies sobre mi miembro ya duro.

—Eres el hombre más loco que conozco – me dijo riendo. Esa forma tan especial que tenía de reír en todas las situaciones me transmitía una alegría de vida difícil de describir.

— ¡La culpa es tuya Martina! Eres tú la que me provocas solo mirándote. Venga… ven aquí cerca de mí, que apago el motor.

—Venga ya Samuel…pueden vernos.

—Y, ¿A quién le importa? Que nos miren si quieren. Verán algo bonito. Y, además, tengo unas ganas locas de hacer el amor contigo. Aquí, en medio del mar, es inspirador. Apagado el motor de la lancha neumática, me apoyé con la espalda en el lateral de la proa e hice que se pusiera encima de mí. Con un movimiento delicado y sensual, se puso de pie y volvió a caer dulcemente sobre mi miembro. Cuando entré dentro de ella, habría deseado permanecer ahí para siempre. Nuestros labios se acercaban, se exploraban, se tocaban, se rozaban, se comían con pasión, humedecidos por nuestras salivas. Su lengua se encontraba con la mía y descendía lentamente por mi cuello, bajo la barbilla, se paraba y lo mordía haciéndome sentir los dientes. Movía lentamente la cadera apretándome con los brazos y acercándose con su cuerpo al mío. Casi no podía respirar de la emoción. Puede que alguna embarcación pasara cerca y nos viera, pero no habría podido interrumpir aquel acto amoroso. Lo que estábamos sintiendo era mucho más que un placer físico, era un distanciamiento absoluto del mundo. Una exclusión de la realidad. Existíamos solo yo y ella. Le aguantaba el culo con las manos siguiendo el ritmo de sus movimientos. Sosteniéndola con una ligera presión hacia arriba cuando se levantaba, y empujándola hacia abajo cuando descendía. Se movía lentamente y en profundidad, sintiendo mi miembro hasta el fondo. Para sentirlo aún más, se apoyaba con las manos a la lancha neumática y yo arqueaba el torso sosteniéndome con los pies. En aquella posición, su pecho grande y duro, se relajaba cubriéndome el rostro. Y yo, con los labios, me hacía un hueco chupándole los pezones. Nuestros cuerpos sudaban bajo aquel sol que asistía, como un espectador silencioso e impasible, a nuestro acto de amor. Terminamos ambos sudados y nos zambullimos desnudos directamente en el mar para refrescarnos. Desde ese momento entendí que hacer el amor no era solo entrar y salir, sino que era un juego de complicidad recíproca.

Luego, hicimos una excursión a la Isla de Espalmador. Un islote desierto, accesible solo a través del mar. El agua era cristalina como no la había visto nunca, y la arena blanquísima. Cuando llegamos, me tumbé en la arena en la orilla del mar, con la parte alta del torso fuera del agua y las piernas dentro. Ella estaba cerca de mí mirándome. Sin decir ni una sola palabra, me quitó el bañador, se quitó el suyo, y se colocó de nuevo sobre mí. Martina quería hacer el amor en cualquier momento. Las pequeñas olas contribuían a darle un movimiento más penetrante al descender y más ligero al elevarse. Sus cabellos mojados, largos y negros, le cubrían el rostro y, cuando descendía sobre mí apoyándose con los brazos en mi espalda, le caían hacia adelante. Veía solo sus labios abriéndose camino entre el cabello, para dejarme apreciar el placer que estaba experimentando. Podía gritar y desahogar su libido. Nadie podría escucharla. Estábamos solos en la isla. Al menos eso era lo que yo creía.

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QUE DICEN AHORA LOS BORREGOS?

Varios detenidos por desviar fondos para gastos de Puigdemont en Waterloo

La Guardia Civil ha detenido al exconseller de ERC Xavier Vendrell, al empresario Oriol Sole, al exalto cargo de CDC David Madí y al historiador Josep Lluís Alay en el marco de una investigación judicial por supuesto desvío de fondos para financiar los gastos del expresidente Carles Puigdemont en Waterloo.

Según fuentes de la investigación, en el marco de la operación, dirigida por el juzgado de instrucción número 1 de Barcelona y en la que se esperan más detenciones, se están practicando 31 registros de domicilios y empresas en ocho partidos judiciales de Cataluña.

En la investigación, una pieza separada de la causa que destapó un presunto desvío de fondos de la Diputación a entidades afines a CDC, se investigan los delitos de malversación, prevaricación y blanqueo de capitales.

Se investigan los delitos de malversación, prevaricación y blanqueo de capitales»

El juez, que ha precipitado la operación a raíz de los indicios recabados durante meses de intervenciones telefónicas, también investiga la relación de alguno de los detenidos con las actividades de Tsunami Democràtic, de lo que podrían derivarse delitos contra el orden público.

Entre los detenidos, según han confirmado fuentes de JxCat, figura el historiador Josep Lluís Alay, jefe de la oficina del expresidente catalán Carles Puigdemont y quien también está siendo investigado por otro juzgado de Barcelona por un viaje al referéndum de Nueva Caledonia, que pagó la Generalitat.

Alay, junto a dos mossos d’esquadra y el empresario Josep Maria Matamala, acompañaba a Puigdemont cuando fue detenido en Alemania, motivo por el que la Audiencia Nacional le investigó por un delito de encubrimiento.

Otros de los investigados en la trama de desvío de fondos son el alcalde de Cabrera de Mar (Barcelona), Jordi Mir, de JxCAT; el interventor delegado de la conselleria de Presidencia, Jordi Serra; la directora general de Centros Concertados y Privados del Departamento de Enseñanza, Pilar Contreras; y el excónsul honorario de Letonia en Barcelona y presidente de la Plataforma pro selecciones catalanas, Xavier Vinyals.

También figuran entre los investigados los empresarios Antonio F.P., Roc A.V. y Marta M.A.

De hecho, uno de los registros se centra en las oficinas de la sociedad Events de Igualada (Barcelona), administrada por dos de esos empresarios y que se dedica a la producción de eventos culturales y deportivos, una firma que ya fue inspeccionada antes del 1-O en la ofensiva de la Guardia Civil contra los preparativos del referéndum.

Los agentes del instituto armado han acudido también esta mañana a la sede del Ayuntamiento de Cabrera de Mar (Barcelona) para requerir documentación, principalmente contratos vinculados con procesos de adjudicación que el juez investiga por supuesto tráfico de influencias.

La Guardia Civil ha acudido también esta mañana a la sede del Ayuntamiento de Cabrera de Mar

La investigación, que se tramitó durante año y medio en una pieza secreta, deriva de la causa abierta contra una trama de presunta concesión fraudulenta de subvenciones a fundaciones afines a CDC, uno de cuyos principales imputados es el exdirigente de CDC Víctor Terradellas.

De las conversaciones intervenidas en esa causa, el juez apreció indicios de que la trama corrupta podría estar desviando dinero público para costear gastos en Waterloo (Bélgica) del expresidente catalán Carles Puigdemont, huido de la justicia española, por lo que abrió la pieza secreta que ha dado pie a la operación de hoy.

Los tres principales investigados en la operación son empresarios próximos a CDC y a ERC y, además, estuvieron vinculados al llamado “estado mayor” del 1-O, el sanedrín que impulsó los preparativos del referéndum unilateral de 2017.

David Madí fue estrecho colaborador del expresidente catalán Artur Mas, además de portavoz y secretario de comunicación y estrategia de la extinta formación.

Posteriormente, fundó su propia empresa, Nubul Consulting, tras dejar la política activa a principios de esta década, y ha sido asesor o miembro del consejo de grandes empresas como Deloitte, Endesa, Applus+ y Telefónica.

Xavier Vendrell, que militó en Terra Lliure, fue hombre fuerte de ERC y consejero de Gobernación en el tripartito de izquierdas y, pese a centrarse en su actividad como empresario en los últimos años no abandonó la política, ya que participó en varias reuniones del comité que preparaba el 1-O.

Oriol Soler es un empresario vinculado al mundo editorial y de la comunicación que en 2003 fundó el grupo cooperativo SOM, antes llamado Grup Cultura 032.

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Parte del libro 8 “UNA DULCE MADRILEÑA” amor y erotismo.

Le di una toalla y, tras enseñarle mi ducha con abundante difusión de agua caliente, aceptó la invitación. Le di también una crema jabonosa que acababa de comprar en el Body Shop con olor a vainilla y que dejaba la piel lisa y resplandeciente como el culito de un bebé.

—Si no llegas, puedo enjabonarte la espalda y tal vez…
—Italiano…italiano, llego perfectamente, gracias.
—Mira que en la ducha hay espacio para dos. Puedo entrar contigo y ni siquiera te des cuenta de mi presencia.
—Aprendí a lavarme sola a la edad de cinco años.
—Me complace que hayas sido una niña así de precoz. Pero no sabes cómo te lavaría yo si te dejases llevar.
—Te equivocas italiano, precisamente porque me lo imagino no te dejo entrar.

Me sonrió, y sin añadir nada más, se giró y entró en la ducha. Dejó, de todas formas, la puerta del baño semiabierta. No sé si lo hizo a propósito o se olvidó de cerrarla. Esto lo entendí con el tiempo al conocerla. El hecho es que, desde un pequeño hueco que abrí un poco más empujando la puerta hacia adelante, pude verla mientras permanecía escondido en la sombra. Pude así, asistir a un maravilloso espectáculo al que no habría renunciado por nada del mundo. Aunque el agua caliente, que caía como una catarata, había creado una nube de vapor, podía verla con nitidez. Llenó la esponja con 51 aquella crema jabonosa que, al primer contacto con el agua, se transformó en una gran bola de jabón que cubrió su piel sin dejar ni un espacio libre. La pasaba con una lentitud inusual sobre su cuerpo. La pasaba entre los senos, siguiendo sus líneas, la redondez, el grosor, hasta cubrirlos completamente con aquel jabón espumoso. Sus pezones sobresalían exuberantes, contrastando con el blanco de la espuma. Entonces, abrió ligeramente las piernas doblando un poco las rodillas hacia delante y comenzó a frotar la esponja en el medio insistiendo en el clítoris. Después por detrás, abrió con la mano libre las nalgas de aquel culo duro y respingón para dejarla entrar mejor dentro. Seguía con la mirada cada uno de sus gestos. Como si lo estuviese fotografiando en la memoria. A veces, apretando las piernas e inclinando la cabeza hacia atrás, se echaba con el mango de la ducha un torrente de agua caliente su cuerpo. Se movía debajo el agua como si estuviese poseída por aquella agua, que salpicaba con violencia su la piel. Bajaba después el mango de la ducha en medio de las piernas y, orientando el chorro hacia su sexo, lo mantenía apretado entre los muslos de forma que, con la presión, el contacto fuese más intenso. Yo, escondido en la sombra, con el miembro que me explotaba, no podía resistir más aquella visión. Decidí entonces cerrar la puerta del baño y dejarla tranquilamente darse su ducha, y, cargado de hormonas, me fui a ver si resolvía el problema del termo. Pero frente al hecho, no sabiendo qué hacer, decidí desconectar el enchufe y dejarlo todo como estaba, para que un técnico de asistencia pudiese arreglarlo al día siguiente. Mientras tanto, Martina había terminado ya su ducha.

—Martina, ¿Estás? ¿Aún estás ahí? – le pregunté cuando volví al piso.
— ¡Claro! ¡Sí! ¿Dónde quieres que esté? ¡He terminado ya! —No hay problema, tómate tu tiempo. Quería solo decirte que no he podido hacer nada por el termo. Tendrás que ducharte en mi casa todos los días durante una semana. 52 — ¡Nooo! ¡Venga ya! ¡No me lo puedo creer! ¿De verdad?
—Estoy de broma…solo que mañana por la mañana tendrás que llamar a un técnico. No he podido hacer nada.
— ¡Eso ya me lo imaginaba!

Dejé que hiciera sus cosas tranquilamente y fui a tumbarme en el sofá para relajarme un poco. A continuación, la puerta del baño se abrió. Martina salió con la toalla anudada sobre los pechos, descalza y con el pelo húmedo. Tenía la piel aún mojada y las gotas de agua se deslizaban bajo la toalla cayendo al suelo. Al verla de aquel modo, me vinieron a la mente, como visiones, las escenas que le había robado observándola mientras se duchaba. Sentía la sangre circular velozmente y el corazón latir rapidísimo. Para aliviar la tensión, le dije que no tenía ningún secador que pudiera prestarle para que se secase el pelo.

—Lo siento Martina, pero en casa soy un desastre. No tengo nada para que puedas secarte el pelo. Si quieres te doy una toalla más pequeña.
—No te preocupes Samuel – me dijo para quitarme mi evidente vergüenza– no pasa nada. Me gusta tener el pelo mojado después de la ducha y me gusta sentir la sensación de que el agua se seca lentamente sobre la piel. La deja más lisa y suave.

Y mientras lo decía, para involucrarme en aquella sensación, pasaba las manos por los brazos acariciándolos. Notando mis ojos abiertos de par en par sobre su cuerpo, me sonrió y, sin bajar la mirada, abrió una puerta mágica. Fue así como, sin decir ni una sola palabra, me acerqué a ella, la cogí en brazos, la llevé al dormitorio, y la abandoné delicadamente en la cama. La piel, un poco bronceada, resaltaba sobre el blanco de las sábanas. Los cabellos negros se esparcieron como un abanico. Le abrí lentamente la toalla mirándola intensamente a los ojos. Me acerqué a ella y comencé, dulcemente, a besarla apretándola contra mí. Sus labios sabían a miel, a fresa, a cereza. Suaves y carnosos. Deslicé lentamente 53 mi boca por su cuerpo, haciendo que sintiera mi lengua. Olía a vainilla, a almendra. Me acerqué a su pecho y atrapé, entre mis labios, uno de sus pezones ya duros. Comencé a chuparlo. Primero uno, después el otro. Sus aureolas, grandes y negras como las de una mulata, tenían un gusto muy particular. Bajé, besándola lentamente por el vientre, metiéndole la lengua en el ombligo. Bajé aún más. Por los muslos, por el interior de los muslos, por las piernas. Comencé a besarle uno a uno los dedos de los pies, pasando mi lengua por el medio. Las uñas de los pies estaban pintadas con esmalte rojo brillante. Sin despegar los labios de su cuerpo, subí hasta su sexo. Me parecía bellísimo, perfumado, limpísimo, sin un solo pelo alrededor. Solo una ligera línea negra. Lo metí entero en mi boca como si quisiese comérmelo. Empecé a mover los labios presionándolo un poco, como si quisiese aspirarlo. Le hacía sentir mi lengua, que se abría espacio infiltrándose entre aquellas húmedas ranuras. Después, volví a cerrar los labios y, haciendo una ligera presión, aprisioné su clítoris. Pellizcándolo con la punta de la lengua. Primero con un movimiento dulce, con pequeños golpecitos, después rápido ejerciendo más presión. Martina, extendida sobre la cama, gemía de placer. Se movía frenética buscando con las manos un punto de apoyo. Su respiración se hacía cada vez más profunda. Con los ojos cerrados se apretaba los pechos acercándolos el uno al otro, persiguiendo, con ligeros movimientos del torso, a mi lengua que entraba y salía de su sexo, como si la estuviese follando.

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